| Crónica de una victoria anunciada (Invictus) |
|
|
|
| Cine - Review |
| divendres, 5 de febrer de 2010 22:53 |
|
A veces la suma de todos los ingredientes da menos de lo que cabría esperar, porque la realidad supera la ficción. La historia de Nelson Mandela es tan apasionante, tan ejemplarizante, tan sincera y honesta, que parece de mentira. Si no fuera porque muchos de nosotros fuimos testigos (indirectos, desde la distancia) de lo que sucedió en Sudáfrica, no nos lo creeríamos. Mandela es un personaje inimitable, irrepetible, como sus hazañas políticas, por desgracia. Clint Eastwood ha querido filmar esta grandeza, pero se ha olvidado de algo muy importante: nadie quiere que le cuenten un cuento sin malos. El libro de John Carlin en el que se basa la película, no es ninguna novela, es un ensayo pormenorizado de todas y cada una de las razones que hicieron posible y tan emotiva esta historia. Sin el contexto, los detalles no sirven de nada. Eastwood sólo tiene entre 90 y 120 minutos para contar casi una vida, pero decide centrarse en los detalles, en la resolución, en la consecuencia. Además, una consecuencia que ya conocemos. Y así no se cuenta una historia. En Invictus sólo vemos a Mandela (en una excelente aproximación de Freeman, que lleva al límite de lo posible la imitación) acertando en cada escena, en cada movimiento. Es como si el propio Mandela ya hubiera visto la película. Una película no se puede contar desde el final y sin tensión. La Sudáfrica que vemos en la película no está al borde de una guerra civil, no hay tensión, sólo ganas de salir adelante. Sí, eso es lo que generó Mandela, pero antes de eso hay mucho camino. Un duro y largo camino que en la película sólo se insinúa. Dramatizar una realidad increíble siempre ha sido difícil, por no decir imposible. Clint, con su ritmo pausado, con su mirada vieja y tranquila, no consigue en esta película que suframos ni que nos interesemos por lo que sucederá a continuación (porque ya lo sabemos), aunque sí consigue emocionar, enlazando lo que vemos con el recuerdo que tenemos de lo que pasó. Una lástima, pero a veces hay películas que son imposibles de hacer, porque no harían honor a la verdad. |